...no creía en lo que veía, y siempre sospechaba que en cada persona la vida auténtica, la más interesante, transcurría bajo el manto del misterio, como bajo el manto de la noche...

Antón Chéjov, La dama del perrito

martes, 5 de febrero de 2013

borrado

(Fotografía de Jorge Molder)



Al girar la mano vio con asombro que se habían borrado las lineas de su palma. “Tiene que ser solo un epílogo del sueño”, pensó entre dos luces. 

A veces al despertar hay un tiempo breve en que titubeamos y nos embarga la sensación de estar todavía al otro lado. En que nos cuesta ubicarnos en la conciencia. Se frotó los ojos, abrió el grifo del lavabo y expuso sus manos al agua gélida. “La circulación se activará”, se animó. Pero ni rastro de las rayas, ni huella de los pliegues más acusados ya por la edad. Acercó las manos a la lámpara y lo que se le mostró fue una superficie pulida, con una palidez que le espantó y cuya textura sintió rígida. "Si no fuera por el tamaño de mis manos pensaría que estoy naciendo de nuevo", se increpó. Siempre se había mostrado orgulloso de la arqueada diagonal que le garantizaba una existencia longeva y no menos contento había sentido por el trazo que le hablaba de fortuna. Aquella fe en los signos de sus palmas no había nacido de un día para otro, ni del tiempo en que necesitó probar creencias y explorar sendas esotéricas. Había sido su abuela la que de niño le fue enseñando. “Esta raya significa suerte con el dinero. Esta otra dice que vas a amar mucho y que las mujeres se te van a entregar. Esta de aquí que te van a reconocer como un artista con mucha imaginación. Y esta tan marcada que vas a ser eterno”. Poco a poco fue comprobando que cuanto le había pronosticado su abuela se iba realizando a lo largo de su vida. 

Sus manos eran su libro sagrado. Todo estaba, pues, escrito en aquellas líneas que, formando triángulos y trapecios, ganaban en lenguaje y en maleabilidad. Pero todo operaba también desde ellas. La agilidad, la calidez, la pericia. Temió entonces que con aquel borrado misterioso mermara su habilidad para la talla, en la que era un renombrado escultor. Y que su creatividad entrara en una parálisis. Sufrió al pensar que, como consecuencia de ello, su fortuna podría cambiar rotundamente. Y por último le invadió una angustia considerable al advertir que podía perder la sensibilidad con la que trataba a sus amantes. ¿Cómo iba a tomar otros cuerpos si sus manos quedaban desprovistas de destreza? ¿De qué manera iba a acariciar si sus dedos perdían calor? La simple idea de que las mujeres apenas percibieran la presión de sus manos hacía batir en retirada la disposición del resto de su cuerpo. Él se sentía extremadamente sensorial en el amor, y en absoluto soportaba la idea de ser considerado zafio. Pero ahora, ¿cómo podría trasladar sus sentimientos si había perdido el mapa que le indicaba la ruta? ¿De qué forma podría estimular y hacer partícipe a otra persona de sus pasiones si le abandonaba el tacto?

Dio un brinco cuando sintió que abrían la puerta de su habitación y escuchó que le decían: "Vas a llegar tarde. ¿Por qué no dejas tus fantasías amorosas para otro rato?".



22 comentarios:

  1. Curioso texto. Me deja reflexionando.
    Un saludo, dame.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Que sean reflexiones saludables, pues. Saludo.

      Eliminar
  2. Excelente texto...diría que "kafkiano" e incluso universo "Millás". Me ha intrigado que la abuela dijera que con esas manos podrías ser un artista de reconocido prestigio...realidad o ficción?...van de la mano.
    Cordial saludo y nos vamos leyendo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Kafka es extraordinario y yo un simple aprendiz que se sorprende de la vida y sus lados oscuros (y claros) Las abuelas siempre han tenido un punto de acierto en sus premoniciones. Cordial.

      Eliminar
  3. ¿Entonces las predicciones de la abuela sobre su eternidad fueron ciertas? ¿Llegó el momento de empezar de nuevo y que las líneas de la mano volvieran a trazar su camino? O que su camino se dibujara de nuevo en las líneas de la mano…

    Imposible no leerte observando, dame, con los ojos abiertos como platos para disfrutar de tu imaginación y de tu destreza contando historias.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Creo, Quelle, que de manera análoga a la desaparición de las líneas hay otras manifestaciones que nos pueden alterar. Los sueños simplemente ponen sobre aviso. La conciencia, si reflexionara más sobre las advertencias, acaso nos salvara a tiempo de muchos desvaríos que el programa de vida humano nos inocula.

      GRacias por participar de la parte sorpresiva y divertida de lo que se escribe.

      Eliminar
  4. Es curioso, contabas sobre un escultor, y yo cuando te leía pensaba en una escultura, una mano de mármol...Me ha gustado!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y sin embargo, Francesca, un escultor posee unas manos que nunca serán la piedra transformada en obra. En todo caso se parecen a la tosquedad de la materia prima. GRacias.

      Eliminar
  5. Sus propias manos le proporcionaban el máximo placer, aún en soledad.

    ResponderEliminar
  6. Las ensoñaciones del escritor que se deja llevar por símbolos y misteriosos preceptos .. si. necesitamos creer en que la magia existe y que no somos sólo carne y razón.. necesitamos también el otro lado.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Das en la diana. Se deja llevar por símbolos. El arte se mueve en un mundo simbólico solo parejo al onírico. Todas las facetas y manifestaciones nos resultan enriquecedoras. Que sepamos y podamos transformarlas en utilidad ya no está tan claro. A veces hay que disfrutar el qué y no dar vueltas al para qué (o paraké que decía el poema de Gabriel Zaid)

      Eliminar
  7. Amiga, mi blog se eliminó sin querer, pero estás invitada al nuevo y a mi Cumpleaños también.
    Cariños.
    mar

    ResponderEliminar
  8. Si, por un momento, esas lineas desaparecen, si nuestro mapa de la vida se esfuma, también se pierde nuestra herencia. Una mano sin caminos, es una mano sin pasado y sin futuro, sólo una mano...
    Mi abuela también decía que me moriría muy tarde, me daba miedo pensar en la muerte y ella, mirando mi mano, así, me animaba. Espero que acierte, besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En cierto modo se esfuma esa herencia. En mayor o menor medida, antes o después, de modo relativo o definitivo. Si esto acontece cuando ya hemos recorrido gran parte del camino, qué más da. A mi lo que me daba miedo era pensar en la iconografía de la muerte, en esa escatología que los rituales cristianos se empecinaron en rodear de parafernalia de terror.

      Seguro que tu abuela acertará.

      Eliminar
  9. Había dejado de ser. Estaba fuera de la historia. Más allá.

    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. O antes de la misma historia, como una intemporalidad imposible. Saludos.

      Eliminar
  10. Quedar desprobisto de lo que te define y no extrañarse hubiera sido lo enfermizo.
    ¿Por qué seguía siendo él, verdad?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tienes razón: la extrañeza es conciencia, desde luego. No tengo claro hasta qué punto las pérdidas van restando algo o mucho de nosotros que nos impiden ya ser los mismos...

      Eliminar
  11. Precioso texto describiendo un sueño. Estoy poblada de sueños raros y siempre extraigo señales. He aprendido a tomarlos en serio porque hay premoniciones que nunca las había tomado en serio…ahora miro el otro lado del espejo y los interpreto.
    Un encanto leerte dama blanca.
    abrazos y buena semana.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Experiencias análogas han resultado no ser sueño. Episodios efímeros, inciertos, pequeños estados de catalepsia en que la conciencia rebuscaba en otra dimensión. O simplemente descansaba.

      Encantado de tu visita, Ceciely.

      Eliminar