...no creía en lo que veía, y siempre sospechaba que en cada persona la vida auténtica, la más interesante, transcurría bajo el manto del misterio, como bajo el manto de la noche...

Antón Chéjov, La dama del perrito

jueves, 18 de julio de 2013

lecturas pendientes


(Fotografía de Herbert List)



La lectora de la finca Enériz tenía el cabello bruno y rizado. Ya fuera debido a esta tonalidad o por la función que cumplía, o bien a causa de ambas características, los malévolos del lugar comenzaron a llamarla Sherezade. Espoleados por los antes inquietos y ahora desilusionados sobrinos comenzaron a correr dichos y fantasías que, lejos de enervar al propietario, le estimulaban en su anhelo de lector enfebrecido. Apenas notaba cambio en esta condición renovada ahora por la vía intermediaria llamada Asia. “Berrean, luego creamos vida”, solía decir literariamente, ignorando las perfidias y buscando complacerse. No sentía los años como herida sino como campo que podía aún recibir los frutos dadivosos que se le brindaban. La lectora se recogía en un cuerpo pequeño y delgado, pero armonioso, que hacía crecer con sus ademanes reposados. Disponía de unos ojos de mirada acariciadora y la boca la tenía puesta con el justo equilibrio que le permitía emitir cualquier clase de entonaciones. A Enériz todas las horas del día le parecían escasas para la lectura que necesitaba que le llegase. No obstante, estipuló con la mujer unas horas donde ambos fueran más receptivos. Él para escuchar y ella para narrar relajadamente lo que tantos autores habían escrito. Asia no conocía la mayor parte de los libros que Gaspar Enériz ponía entre sus manos. Pero la facilidad conque la lectora situaba el argumento, la inflexión utilizada para distinguir no solo personajes o momentos, sino la misma conducción del hilo por parte de un narrador invisible, y la atmósfera de sus pronunciaciones y paradas, embargaban a Enériz. Éste cerraba los ojos, extendía los brazos sobre los apoyos del sillón y se dejaba embriagar por las voces múltiples que percibía desde el fondo de historias mejor leídas a como él jamás lo había hecho. Cuando acababa un capítulo largo, Asia se detenía y se quedaba callada. El oyente permanecía inmóvil y abandonado, y si tal estado duraba un tiempo que rebasaba lo prudente la mujer se dirigía a él con delicadeza. “¿Sigue todavía en el capítulo que acabo de leer, Gaspar?” Y él contestaba lento y espeso, como quien no desea salir del sueño: “Sigo dentro. A mi edad ya no tengo urgencia por saber lo que un argumento nos depara en el capítulo siguiente. En cada capítulo termina algo de la vida de todo el relato y quiero sujetarlo. Como mis días.” Entonces, abría despacio sus ojos y se encontraba con los de Asia. Ninguno de los dos desviaba la mirada ni hablaba. Ninguno apremiaba al otro con un quehacer o una solicitud expresa. Ninguno pedía al que tenía enfrente sino un tiempo de serenidad que contenía probablemente alguna lectura pendiente que aún no habían acometido.


28 comentarios:

  1. Creo que me acabo de quedar como Gaspar Enériz, embriagada por las voces múltiples que he sentido en tu relato.
    Mas ensoñador y sugestivo imposible¡




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    1. Pues ojo, que igual te pide que le leas, eh.

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    2. Que dices...nadie podría leer para Enériz como lo hace Asia :)

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    3. Eso nunca se sabe. No todo es aprendizaje en esta vida, que sobre todo, pero llevamos tanto innato...

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  2. Cuánto disfrute proporciona el saborar cada palabra, en un relato! El detenerse en cada idea, al igual que Enériz, deja un sabor agradable en el espíritu. Para quienes amamos a las letras, esta actitud receptiva, abierta a lo que nos depare el relato, es francamente un deleite. Hace un tiempo que disfruto de la lectura de tus relatos y hoy me decidí a comentarte. Un placer, la lectura. Saludos

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    1. Verdad, Cecilia. Saborear las palabras o la sintaxis de una oración entera. Octavio Paz me ayudó a racionalizarlo, porque él conoce la esencia de las palabras y juega hasta extremos desbordantes. Tomo nota de tu comentario, es estimulante para seguir.

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  3. Precioso!! parece el fragmento de una gran historia.
    Me ha encantado.

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    1. Cada pequeña historia es fragmento de otra; nuestras vidas son fragmentos. Estamos construidos de fragmentos...otros dirían partículas...Gracias, Maite.

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  4. Intuyo que Gaspar Enériz va a disfrutar mucho más de la lectura en esta última etapa de su vida. Realmente tiene mucho que agradecer a los libros ¿No crees?
    Besotes

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    1. Naturalmente que lo creo, a pesar de los sobrinos que desearían que pasase a mejor vida...

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  5. Otro blog magnífico.
    Pásate por el mío y me dices tu opinión si tienes tiempo. Saludos.
    Repito precioso blog.
    http://t.co/SjfVDoZ4hE

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    1. Oh, pues gracias por pararte aquí. Iré leyendo cosas del tuyo poco a poco, claro.

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  6. Narradora Asia o escuchador Gaspar, capítulo a capítulo con sus pausas, ambos tejen una complicidad fascinante con la palabra puente entre ambos.
    De nuevo me llevas de la mano o de los ojos con tu prosa y tus ideas, hasta pronto, sigamos leyendo.

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    1. La complicidad emisor-receptor siempre ha sido fundamental en la narración oral, en la transmisión antigua de los mitos y en la elaboración de tejido social, no me cabe duda. Gracias, Natàlia por tu seguimiento.

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  7. Si la voz y la lectura invitan al deleite, no hay mayor placer que dejar volar a la mente, dejarse emborrachar por la historia y disfrutar.
    Saludos.

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    1. La red permite probar...al menos a escuchar la lectura de un relato, sea voz femenina o masculina...pero, claro, solo la voz, nada de percibir gesticulaciones de manos, miradas, caracteres de rostros...Buscando siempre deleites, naturalmente. La naturaleza ha sido hecha para eso, no hagamos por ignorarlos. Gracias y buen lunes.

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  8. Me he preguntado en ocasiones si la lectura de viejo se parecerá en algo a la de joven.

    Miquel

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    1. Probablemente no, o sí, en que volvamos a deletrear...

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  9. La forma de apreciar la lectura en Eneriz es asombrosa, va mucho más allá de la trama, que suele ser la que incita a descubrir más, parece paladear cada frase como si se tratase de un alimento. Es una idea curiosa, me ha llamado mucho la atención.
    Gracias por compartir esa riqueza de matices que tienen tus escritos. Saludos.

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    1. ¿No son alimentos los textos que acaso buscamos estando nosotros hambrientos y sedientos? Pero me lo voy a pensar, lo que dices. Gracias.

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    2. La lectura reposada de Enériz me asombra porque tengo la cuestionable costumbre de leer muy rápido, quedándome más con la idea que con las palabras, a veces me detengo a saborear una frase que me ha impactado, pero siempre deseo avanzar para descubrir más, sin duda soy lo opuesto a Enériz. Probablemente confundo rapidez con avidez, y hasta ahora ni siquiera era consciente de ello.

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    3. Pues si descubres el poder de las palabras que, muchas veces, son o quieren ser autónomas frente a las ideas, argumentos y disquisiciones varias, aunque parezca que están a su servicio, habrás entrado en un terreno particular de goce. A mí me pasa que cada vez deseo leer menos con urgencia y presura y disfrutar del elemento palabra que matiza, se despliega, ofrece posibilidades de interpretación varia o las aquilata...Gracias por estas precisiones tuyas, me son muy válidas.

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  10. Llegué a tu blog por casualidad y he encontrado una prosa sólida y unas historias ricas. Me quedo, con permiso, a seguir disfrutando.
    Un saludo
    Juan M
    juanmanuelsanchezmoreno.blogspot.com

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    1. Por supuesto, para cuanto quieras; total tienes hacia atrás tela marinera para cortar; no te indigestes.

      Cordialmente.

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  11. Ando yo leyendo a saltitos por esta casa, y con la historia de la lectora y el viejo Gaspar, me he quedado prendada.
    Gusto mucho, muchísimo de leer para mis adentros y en alto, para quien quiera oirme. Desde niña he cultivado este placer de la lectura y disfruto inmensamente en cualquiera de sus modalidades.

    Una maravilla lo que encuentro por aquí!
    Abrazos
    ;)

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    1. Originariamente la lectura -o no lectura, sino narración oral y directa- era en alta voz y en grupo. Mis mejores recuerdos de infancia es cuando alguien nos leía a varios o bien nos contaba lo que nos parecía hechos extraordinarios. Pero la lectura personal, ay, es siempre tan poderosa...¿Y esas voces interiores que ponemos según leemos, adaptándonos a los personajes o a las onomatopeyas al uso?

      Agradezco tu momento de euforia, viene bien recibir un poco.

      Comenta libremente cuando quieras y en el tono que desees, Edurne.

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