...no creía en lo que veía, y siempre sospechaba que en cada persona la vida auténtica, la más interesante, transcurría bajo el manto del misterio, como bajo el manto de la noche...

Antón Chéjov, La dama del perrito

domingo, 25 de agosto de 2013

hediondez


(Fotografía de Dieter Appelt)



Nunca se supo por qué en las ciudades cundió aquel hedor. Las calles y plazas olían mal. Las gentes olían mal. Los desperdicios resultaban insoportables. Desde los basureros de extramuros una invisible masa fétida se desparramaba sobre las poblaciones. Las albercas se mostraban pútridas y los ríos no generaban corriente limpia. Los enfermos redoblaban sus miasmas hasta hacerse insoportable respirar. Muchos morían porque el oxígeno no les llegaba a los pulmones. Las viviendas permanecían clausuradas para que no entraran los efluvios desde fuera y a su vez se generaba en ellas un hálito irrespirable. Las emanaciones fecales se concentraban por cualquier espacio de las casas y la falta de lluvias agravaba la situación. Algunos habitantes se iban acostumbrando, al precio de ver alterada su capacidad olfativa. Comían por comer, bebían sin gusto, no distinguían los olores tradicionales de las cocinas. Los mercados suministraban verduras y frutas y carnes que o bien ya desprendían un olor corrupto o bien los vecinos no sabían apreciar por carecer de su olfato habitual. Proliferó la venta de productos de limpieza y artículos odorantes, cuyo abuso no hizo sino aumentar el almizcle de animales y humanos. Nada distraía aquella mezcla tóxica de olores. La gente se refugiaba en el sueño. Y los que podían dormir varias horas sin despertarse inquietos o fatigados contaban. Que habían ascendido a un monte donde todo era claro y se percibía el frescor de los juníperos y las sabinas. Que corrían por la vega de un arroyo cuyo curso aumentaba limpio y rápido. Que subían y bajaban de los cerros percibiendo la brisa refrescante y amable de la lavanda y la melisa. Que cuidaban un establo donde el olor a la ganadería era el que había sido siempre y su mensaje era de vida. Que los niños correteaban por las calles y los ancianos salían al relente de la tarde. Pero al despertar se sentían nuevamente presos del desconcierto, que es de por sí algo pestilente y mórbido que envenena las mentes de los hombres. Y aquella otra oleada que sacudía los cerebros era tan hedionda como la que respiraban los pobladores. Y decían: todo esto sucede por la llegada en masa de extranjeros. Y otros: que los sistemas de higiene, con tanta restricción de agua y la limpieza deficitaria, son la antesala de las enfermedades. Y algunos más: nunca debimos aventurarnos a importar productos que no eran de nuestro suelo. Nadie quería mencionar la palabra clave. Desde el gobierno de las ciudades insistían una y otra vez que la peste era algo que pertenecía al pasado, y que la situación era estacional, transitoria. “Parece que hoy huele menos”, decían los optimistas. “Somos muy negativos, no es para tanto”, comentaban los más fieles a las autoridades de la comunidad. “No es constante, seguro que cesa pronto”, aseveraban aquellos que habían perdido del todo el olfato. Cada ciudadano se aferraba a una explicación que diera pábulo a sus deseos, y se rendían a sus obsesiones o se dejaban regir por los prejuicios. Empezaron a comer alimentos que olían mal y cuyo estado era deplorable, porque no habían previsto las dificultades de su conservación. A veces no sabían si lo pestilente procedía de los productos o eran sus bocas las que emitían suciedad. Las vísceras de los habitantes formaban parte ya de la cadena hedionda que dominaba la vida de las ciudades. Entrampados en sus propios límites, muchos procuraban alejarse de su ciudad pero volvían al poco tiempo porque, decían, no había hallado otra donde recuperar la saludable vida anterior. “Estábamos acostumbrados a los propios olores y a compartirlos con nuestros vecinos, y los asimilábamos mejor”, afirmaban resignados. Y añadían: “Si no hay otra solución siempre será más aceptable preservar el olor de la costumbre, por muy extremo y agudo que sea. Los olores de otras regiones son más difíciles de soportar que los que nosotros hemos generado”. Aun no creyendo nadie en la adaptación definitiva a la podredumbre, la idea de que su mierda era protectora porque era suya fue cundiendo entre los habitantes. Surgieron detractores de la situación, profetas oportunistas, charlatanes que pregonaban la salvación ocasional. Pero fue un ciudadano ordinario el que tuvo la ocurrencia de decirlo en público: “Si todo se corrompe es porque nuestra materia contiene esa posibilidad. Si nos abandonamos, nuestra salud decaerá. Si no indagamos las causas que han llevado a este desastre pereceremos todos.” Los regidores de la ciudad ordenaron encarcelarlo porque sus palabras producían inseguridad. 

Para su sorpresa, en aquel calabozo oscuro y húmedo el hombre percibió el fondo de la tierra. Olía la entraña, respiraba el aire limpio que emergía de ranuras apartadas, saboreaba territorios distantes no contaminados por el tufo de la superficie de la que había sido secuestrado. Fue allí dentro donde concibió esperanza.


52 comentarios:

  1. Respuestas
    1. A veces pienso que tal como están las cosas a estas alturas de la vida y de la historia cualquier relato contiene en mayor o menor grado metáfora de algo. Un abrazo.

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  2. Un texto espléndido, sin lugar a dudas.

    Lehit

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    1. Se agradece tu impresión estimulante, Gavri.

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  3. Por un rato, largo, me ha parecido estar leyendo a Saramago... aquel libro sobre la ceguera.... y sin puntuación.... creo. Bss.

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    1. Ah, me aterra esa comparación, uf, ¿no es demasiado?

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  4. ¡Genial, dame! Tal cual le sucede a nuestra sociedad. Ya echaba de menos tus relatos, maestro.

    Un abrazo.

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    1. A veces hay que descansar la mente, o la actitud, o el esfuerzo...no porque sea verano, no, sino por inercia. Gracias, Salamandrágora.

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  5. El calabozo en una sociedad que se descompone y huele mal llega a ser un refugio...
    Impresionante relato Dame, impresionante!

    Un abrazo

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    1. La idea de una cárcel como refugio me aterroriza...pero que la sociedad se convierta en prisión me desanima del todo.

      Eres bondadosa en tu euforia, pero sienta bien.

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  6. Madre mía!! qué buena analogía!! ufff rodeados de esa mierda estamos sí, y lo peor es que la gente se acostumbra, cuanta razón tienes... el final ha sido espectacular!!
    Me encantas.
    Besos!!

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    1. Y se pierde el olfato, el sentido por las cosas, la actitud de relación...y ese dar todo igual, porque "todo es lo mismo" (más de lo mismo, una frase que me repugna) y "todos son lo mismo" (qué fácil es acusar a los demás y no mojarse el propio)

      Bs.

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  7. Estaba poniendo caras a este relato: todas aparecen en la prensa de hoy, y me dio miedo. Luego me alegré al comprobar que, como yo mismo creo, hay ranuras por las que el vientre de la tierra pare lugares sanos.
    Muy elocuente, Dame au chien.
    Un saludo
    Juan M

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    1. Pues yo preferí no poner caras. Si uno las tiene en mente con nitidez le sale otra cosa, uf.

      Saludo cordial, Juan.

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    1. Tentativas de expresión, Francisco. Saludos.

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  9. Tu texto es espléndido. Me hizo pensar en el deterioro moral en que nuestra sociedad está inmersa.
    Te felicito.
    Un abrazo

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    1. Deterioro y pérdida de perspectivas. Pero no quisiera entrar ahora en la explicitación del asunto, que, por otra parte, todos los que comentáis aquí veo que tenéis muy claro.

      Se agradece tu presencia, María G.

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  10. Hay cárceles que nos dan la libertad, aunque no sea así habitualmente. Se te ha echado de menos, Dame...

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    1. Mira que es una idea sumamente antitética: libertad/ prisión...vale en las metáforas, pero en la vida ordinaria... Pues aquí vuelvo, porque no me fui, eh.

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  11. Descendiendo al infierno, se gesta la esperanza, la mínima esperanza. Un abrazo.

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    1. Profundo, Darío. Pero no siempre la esperanza asegura la salvación, y menos del infierno. Un abrazo.

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  12. El texto es brillante, refleja a través de la metáfora la sociedad tal cual es hoy en día de un modo que recuerda a Saramago, como han apuntado antes, con toques proféticos, con paraísos soñados e infiernos respirados y una cárcel que resulta ser una suerte de fuente de libertad. Tarda, tarda lo que quieras y tómate tu tiempo porque si tras esperar recibimos esto los que aquí nos encontramos, creo -sólo puedo hablar por mí- que prefiero esperar.
    ¡Un abrazo! ^_^

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    1. Me sacas los colores, Jorge. Si supieras que este texto ha sido un efluvio de madrugada...A veces miedo le da a uno de caminar más por metáforas y alegorías que pisando el suelo real y fangoso (y la hediondez del entorno)

      Saludos.

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  13. Llegará un día que las pituitaria de ese mundo estará tan saturadas que sus habitantes ya no notarán el mal olor, incluso olvidarán que existen otros aromas.

    Nuestra conciencia está tan anestesiada que ya casi no notamos la falta general de ética, la palabra dada no vale, los valores no existen. Nos venden tristeza envuelta noticias con sabor a impotencia.
    Esperemos que haya muchxs, atrincheradxs en sus calabozos, aspirando el aroma de un cambio, preparándose para que germine la esperanza.

    Perfecta parábola de la nauseabunda realidad.

    Un abrazo.

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    1. Ya están la pituitaria y los alvéolos pulmonares y el hígado, etc., saltando, protestando, manifestando...que cuesta mantenerse. Se precisa oxígeno a raudales. Hay voces sesudas, pero se ignoran, pero habrá que intercambiarlas con los medios al alcance...

      Muchos valores están en entredicho y otros afortunadamente se caen porque vimos que eran falsos. No voy a señalar. Pero describes bien la situación. Hay que salir de los calabozos a recuperar dignidad, imaginación e inteligencia.

      Gracias por seguir aquí, un abrazo.

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    2. El blog es oscuro, los textos y los tiempos también, no puedo hacer otra cosa que quedarme. Merece la pena.

      Pasa buena semana.

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    3. Negro, negrísimo :)
      Lo soluciono imprimiendo el texto, no suelo volver a un blog con fondo negro si no me engancha a la primera. Cada uno con sus manías.

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    4. Te entiendo y comparto, a mí me cuesta mucho leer sobe negro también, pero cuando opté por este diseño no caía en la cuenta. Ahora es tarde para cambiar la misma seña de identidad de la forma, así que cuento con que sigas esforzándote para tocar el fondo (me ha salido redonda la frase)

      La semana en su curso, importante que cunda, gracias.

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    5. Solo es un pequeño escollo al principio, ahora ya no es esfuerzo.
      Lo cierto es que el negro le da un toque de elegancia insuperable, no pretendía insinuar que lo cambiases.

      A más de la mitad de la semana, que disfrutes el fin de semana ya cercano.

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    6. Se agradece el matiz, Ishtar. Sí, los diseños de negro resaltan imágenes, aunque según la vista de cada cual puede dificultar la lectura del texto.

      Carpe diem.

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  14. Cuando iba leyendo tu texto recordé una película que no recuerdo el título, pero sí me produjo una tremenda angustia existencial. De igual forma recordé, como el ser humano puede comerse uno a otro destruyendo a la vez el olfato, ese sentido que nos hace percibir la pureza ambiental... Tu cuento es una exaltación de vivencias y contraposiciones que me ha hecho pensar en esa suciedad, que no sociedad en que hoy vivimos los seres humanos. Me has traído la imagen del doble animal, de la destrucción ambiental, de la contaminación en todo su alcance destructivo... Pero fíjate, que tu cuento me ha dejado esperanza, una gran esperanza frente al este misterioso poder de la tierra... Sí, dame blanche, tu cuento me ha hecho creer en el Amor profundo... Gracias por tu cuento. Es la primera vez que te leo, creo. Nunca estamos seguros de nada. Un abrazo.

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    1. El olfato, ese sentido tan inteligente, que solo se le nombra para exaltar lo culinario o la apariencia perfumada, pero que tiene claves profundas. Por ejemplo, un olor actual en una calle puede hacer que venga a mí una visión de hace cuarenta años y se me muestre con plenitud de detalles. Sí, el doble animal que mora en nosotros y que cambia de actitud o se manifiesta contradictorio y chocante; buena percepción la tuya, Julie. El poder de la tierra nos hace y no siempre lo captamos. Cuando el hombre pelea con el hombre también lo hace contra la Tierra.

      ¿Por qué te ha hecho creer en el Amor profundo este relato?

      Bienvenida para estar por aquí.

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  15. Contesto con mucho gusto a tu tu pregunta Dame Blanche, el último párrafo de tu cuento, me devolvió la vida, porque desde aquel calabozo oscuro y húmedo, el hombre atormentado, percibe, palpa, huele, respira esa entraña, ese fondo, ese vientre de la Madre Tierra y, qué bien dices, "aire limpio" viniendo de "ranuras apartadas" y lo afianzas con "territorios distantes" ahí le das al cuento una bestial profundidad de esperanza, si le añades "no contaminados por el tufo de la superficie" En su propio hedor, encontró la libertad, la esperanza con la que terminas el magnífico cuento. Podría sacar más conclusiones, pero esta me sirvió para admirar tu narrativa. Me ha hecho creer en el Amor profundo tu relato, porque el sentido del olfato me orienta, me lleva siempre a la profundidad del ser que es el Amor, desde donde se percibe lo bello, ese instinto animal o inteligente, nos salvará siempre, si olfateamos como buen podenco, la Tierra, como madre, como refugio, como salvación de esta locura, ya casi, colectiva. No sé si he respondido a tu pregunta... Gracias por contestarme anteriormente. Un abrazo.


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    1. Mi asombro es grande por tu interpretación, que agradezco. A lo que tú llamas Amor otros pueden denominar Luz o Conocimiento o Armonía. Pero la tierra siempre es madre y maestra aunque la maltratemos tanto.

      Un abrazo.

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  16. Que dificil asumir la culpa de nada, que facil despachar al que quiere buscar las causas sin disfrazarlas.

    Me gustó

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    1. Pues sí, Pilar, así es. Las sociedades suelen expulsar a los que buscan luz y dejan que cundan los profetas de las tinieblas. Muy antiguo en la humanidad.

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  17. un relato tan lleno de verdades, que asusta un poco
    pero valió la pena leeros
    saludos

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    1. No asustarse, nada de lo humano nos es ajeno, ¿no es cierto?

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  18. Llego la última y tarde, casi todo está dicho. Simplemente señalar que el lugar donde siempre se escondió, ocultó y encerró: lo indeseado, desechado, estropeado, corrupto, viciado... de nuestra sociedad, ahora sea el único rincón donde se respire esperanza. Toda una paradoja.
    Besotes y felicidades, ya te extrañaba.

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    1. En todas las paradojas hay claves, pero algunas que se traducen en cierto precio no son deseables. Cierto que a veces se nos pone de ejemplo que tal escritor escribía en la cárcel o en el curso de una enfermedad...pero no sé, siempre tuve dudas. Otra cosa es que las experiencias vividas, si se sobrevive a su crudeza, aporten ingenio, creatividad, resultado, vamos.

      Me alegro de que andes por aquí.

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  19. Veo una gran metáfora en tu texto. Te felicito por tu originalidad.
    Saludos.

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    1. Me aplico aquello que suele decirse: nada de lo humano me es ajeno, ¿cómo podría serlo?

      Gracias por pasarte, Au.

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  20. Me gusta tu fluida narrativa,son interesantes tus relatos, espero seguir leyendo,con más detenimiento.
    Gracias por seguirme y me felicito por encontrarte.
    Un abrazo.

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    1. Lee cuanto gustes y que sea gustoso el intercambio. Un abrazo.

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  21. Brillante, poco puedo aportar a lo que ya se ha dicho,... salvo que a menudo volver a los orígenes (el olor de la tierra limpia) es lo que nos hará libres!
    muy buen texto.

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    1. Volver a los orígenes siempre que no sea encarcelados, al menos para mí.

      Eres muy amable, un saludo y pasa cuando te parezca.

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  22. Me ha gustado mucho este texto y como usas la ironía y el sarcasmo para enunciar algo que ya es bien sabido: la corrupción y degradación del ser humano. Ese olor tan nuestro que solo nos enorgullece por ser nuestro en vez de entristecernos. Un saludo

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    1. Los olores de conductas son los peores, nos invaden, nos rodean, se meten hasta la médula...Saludo.

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  23. Tremendo relato y la esperanza hallada en el sitio más insospechado. Un saludo

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    1. Gracias por aproximarte, soy receptivo a cualquier comentario crítico, me irá bien. Saludos, María José.

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