...no creía en lo que veía, y siempre sospechaba que en cada persona la vida auténtica, la más interesante, transcurría bajo el manto del misterio, como bajo el manto de la noche...

Antón Chéjov, La dama del perrito

jueves, 27 de diciembre de 2012

el asceta


(Fotografía de Ueno Hikoma)



En su enésima crisis de hastío Kuichi Ogawa decidió desaparecer. Le buscaron entre los bosques de bambú de los alrededores, por las riberas de los arroyos, en los viejos molinos abandonados. Registraron con pértigas los pozos en desuso y prospectaron las ciénagas. Preguntaron a los caminantes y a los viajeros de la recién inaugurada línea de ferrocarril. Como quiera que las autoridades locales y los vecinos no tuvieran pista alguna de su paradero, dieron aviso a las autoridades superiores. Estas, desbordadas por casos diversos de desapariciones, corruptelas y delitos de toda clase, cursaron oficialmente el asunto pero poco a poco fue cayendo en una investigación lenta y definitivamente en una demora interminable. Y de la demora pasó al olvido.

Los familiares de Kuichi se dividieron entre los que opinaban que puesto que el hombre ya había vivido otras situaciones difíciles anteriormente no había por qué preocuparse,  que siempre había salido de circunstancias análogas por más graves que fueran, y quienes pensaban que había sucedido un fenómeno extraño, cuya explicación nadie tenía pero que podía remontase a su infancia. Alguien recordó que la abuela solía decir acerca del carácter travieso e inquieto de Kuichi: a este niño le matarán los nervios. Tal comentario jocoso de la anciana venía a tenerse en consideración ahora como justificación de algún desconcertante estado de desequilibrio que Kuichi Ogawa arrastrara ocultamente desde la niñez. 

Vino la guerra y, por lo tanto la movilización. Creció el control férreo del gobierno para garantizar la colaboración sumisa de la población y, tras muchos avatares, miserias y sufrimientos de varios años, la rendición definitiva y el sometimiento al vencedor. Un día, al volver los moradores de la casa Ogawa de sus quehaceres encontraron a Kuichi sentado sobre el tatami, bastante más asténico que cuando desapareció. Daba la impresión de haberse convertido en un asceta. Fue el hermano pequeño, que no había sido movilizado, el que le increpó: “¿Dónde has estado todo este tiempo? Nosotros sufriendo aquí, primero por tu desaparición y luego por la maldita guerra, donde han muerto nuestro padre y nuestros hermanos, y tú apareces ahora como si fueras un monje por encima del bien y del mal”. La madre anciana y las hermanas de Kuichi Ogawa ya se habían sentado alrededor de él, emocionadas y con deseos de abrazarle, pero ni Kuichi alteró su gesto relajado ni el hermano cesó en su conminación. “Dinos algo. Hemos padecido mucho. No puede ser que no nos merezcamos una respuesta. Si te ocurrió una desgracia debemos saberlo. Ahora que casi todos nuestros vecinos han perdido a familiares en el baño de sangre vamos a ser la vergüenza. Aunque nadie pueda hacerte ya nada, todos te señalarán como un desertor oportunista y tramposo.” Kuichi alzó su rostro envejecido, agitó su coleta y le respondió a su hermano con modo calmo pero firme: “Solo deserta el que se deja llevar a la muerte por una causa innoble. No lo tomes como blasfemia. Hemos vivido resignados al destino de siervos y hemos pagado un alto precio. Yo también.” Entonces se levantó, se subió su larga camisa y mostró una cicatriz deforme que le recorría desde la nalga en vertical toda la espalda. Luego se arrodilló e invitó a sus hermanos y a su madre: “Ahora, vamos a recordar a nuestros antepasados. En sus padecimientos, en sus humillaciones e incluso en sus errores”.



20 comentarios:

  1. Toda la sabiduria en la cicatriz de Kuichi. Un abrazo.

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    1. Hay seres que saben distinguir y elegir a tiempo, Darío. Un abrazo.

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  2. Hay muchas maneras de enfrentar y una de ellas es la no acción, la resistencia pasiva y consciente..
    Un abrazo Navideño

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    1. La eterna cuestión es que para ser efectiva tendría que realizarse de modo mayoritario. La mente humana individual lo ha descubierto desde la antigüedad, pero a la colectiva, esa a la que le cuesta avanzar culturalmente, aún no le ha llegado su turno.

      Un abrazo, María.

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  3. La forma de ver las cosas de Kuichi contiene mucha sabiduría. Tal vez por eso la mayoría no la alcanza, y sigue viviendo en un mundo de violencia, el único que parecemos ser capaces de construir entre todos.

    Madame, da gusto viajar con sus relatos.

    Feliz día

    Bisous

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    1. Vaya, Diana, parece que hubiera puesto usted al descubierto las verdaderas intenciones...No puedo sino ratificar sus correctas palabras.

      Siga viajando cuanto guste por este territorio sin peaje.

      Bisous.

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    1. ...que de ordinario lleva, porque muchos se abandonan, algunos deciden despacharse de esta vida (está habiendo nueve suicidios al día en España, leí el otro día)y otros se quedan en un territorio de mediocridad done se creen ser solo porque respiran y comen. En fin...

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  5. ...Bonito y casual hallazgo, dame au chien...
    ...Gracias...
    ;-)

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    1. Me alegro de que te guste, Miguel, sé bienvenido.

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  6. Un relato que es una lección e invita a reflexionar. Gracias.

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    1. Es que soy de la opinión que toda experiencia humana, cualquier cosa que acontezca en nuestro entorno, o la ajena y lejana pero de la que nos informamos...todo eso debe ser objeto de reflexión. Es un don de la vida de nuestra especie, no siempre utilizado o con suficiente provecho, ¿no? Gracias a ti por opinar.

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  7. ¿Qué misterio encierra la cicatriz de Kuichi? Me atrapó el relato, aunque no sé si lo entendí del todo, lo cual tampoco tiene importancia. Me quedé cavilando sobre su definición de desertor... muy profunda.
    Saludos

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    1. Quieres saberlo todo, ¿eh, Mirella? Seguro que sí lo has entendido, no es nada del otro mundo. Tal vez los humanos no deberíamos dejar de revisar los conceptos sobre la vida. No sabemos lo que nos puede tocar aún vivir.

      Muchas gracias.

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    2. No sé lo que es el odio, el hombre no lo merece. Es un sentimiento. No siento envidia por lo que otros tienen, "hay tantas cosas en este mundo que no necesito", dijo Schopenhauer. Aprendí de este pensador que "hay que vivir con ellos pero sin ellos". Vivo inmerso en el silencio porque la colectividad humana no me merece ninguna confianza, menos afecto. Son muy pocos los seres humanos que algo me pueden enseñar. Descubri que mi mejor amigo soy yo mismo. Alimento , vestuario y techo sencillos son baratos, es todo lo que requiero del mundo exterior. Soy un ser plenamene feliz desde que decidi alejarme del hombre.

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    3. Te comprendo, pero ¿hasta qué punto es posible y se da un apartamiento total o casi de los otros hombres? Y ¿hasta qué punto es beneficioso? ¿No corremos el riesgo de perder toda referencia? Al fin y al cabo, ¿acaso en nuestra individualidad somos puros? ¿No nos curtimos mejor sometiéndonos al pulso cotidiano -a veces cruel y desesperante- con otros hombres y las obras de los otros hombres? Disculpa. Era por hacer de abogado del diablo, pero te entiendo, ya lo creo.

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  8. "Vivir sin amores, sin respetos humanos" me dijo alguna vez un pensador, lo puse en práctica y triunfé. "Vivir sin ambiciones, vivir sin emociones",me agregó el sabio, lo asimilé, lo puse en práctica y me liberé.

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    1. Y las preguntas de antes las seguiría haciendo, ampliando. Pero creo en aquel estado de quien se siente a gusto, satisfecho o feliz, sean cual sea su proximidad o alejamiento de los otros individuos.

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  9. Soy un hombre demasiado pobre en materia económica y ello me hace inmensamente feliz porque la seguridad perfecta en el mundo actual reside en la pobreza, mas no en la miseria. ¿A quién respeto y quiero? Al Universo, a las flores, a los animales y a la vida. Las mujeres son dignas de mi conmiseración, pobres creaturas condenadas al sufrimiento perpetuo. hernandosalguero@hotmail.com

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    1. Ya, Luis. La pobreza o la limitación elegida de medios por uno mismo puede aportar tranquilidad, no lo dudo. Una mística elegida, una conducta libre. ¿Aplicable a la colectividad? Mira que la pobreza causa estragos, hecatombes y violencia en grado sumo dentro de la especie. Y seguro que bien lo sabes.

      ¿Las mujeres? Un tono muy provocador. ¿Y los hombres? ¿No te suscitan otro tanto de conmiseración? A no saber que hables de especies desconocidas, producto de las fantasías.

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