...no creía en lo que veía, y siempre sospechaba que en cada persona la vida auténtica, la más interesante, transcurría bajo el manto del misterio, como bajo el manto de la noche...

Antón Chéjov, La dama del perrito

domingo, 23 de septiembre de 2012

batracios


(Fotografía de Martin Stranka)


El verdín del estanque era la luz del otoño que había entrado a traición. Las primeras caídas de hojas engrosaban la capa de la superficie. El juego consistía en imitar a las ranas. Saltar, chapotear, resistir, sobrevivir como ellas. Sumergirse en aquella ciénaga donde, bajo el tapizado calmo, permanecía el agua limpia y cálida. Se repetía el ritual de despedida todos los finales de verano. Refrendándose así el vínculo entre los amigos, antes de que cada uno de nosotros partiera para su lugar de procedencia, inquietos ya por el curso que nos esperaba. Conscientes también de que se deshacía la presencia física de ese año, pero no morían las vivencias ni el espíritu de tribu.“Somos batracios”, era la consigna. El niño pecoso había expresado la víspera espontáneamente, con voz debilitada: “Estoy tan bien con vosotros…que no quiero volver.” Atravesar la alfombra que ocultaba el fondo del estanque era apasionante. “Pasas de la tierra al mar y del mar al viento”, comentábamos al reagruparnos. Se buceaba por unos instantes y el ascenso rápido era rematado por un grito de guerra que expulsaba la nostalgia. El niño pecoso se entretuvo allá abajo pensando en una vuelta no deseada. Acaso no calculó bien el aire en sus pulmones o la hojarasca le despistó. Desde entonces en cada niño pecoso que veo por la calle le veo a él. No regateo un adiós.


12 comentarios:

  1. Un relato bien escrito.
    Una historia preciosa.
    Un verano que termina y un homenaje que siempre recordarán estos hermosos batracios.
    Un final triste que inunda los corazones, como la caída de la hoja, que aunque es un proceso de renovación causa pesadumbre, inquietud, ansiedad...
    Muchos besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Qué sintesis has hecho, Mariola. Hay algo sorprendente en la escritura. Y es que no sabes si es antes la memoria o ella por sí misma. Siguiendo su camino encuentra los recuerdos. Gracias. Un abrazo.

      Eliminar
  2. Qué final! Me gustó mucho el relato...

    ResponderEliminar
  3. Un relato precioso.
    Un beso y buen inicio de semana

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Semana iniciada, con el sabor de los sueños. Gracias.

      Eliminar
  4. Qué belleza, qué hermosa forma de conservar el recuerdo...Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Más sorprendido estoy yo porque una historia de ficción haya recuperado una real (en contra de lo que podría parecer) Un abrazo.

      Eliminar
  5. Ese sentimiento de grupo hace tanto que no lo siento...bendita adolescencia!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ya somos dos con esa sensación. Aunque he tenido de mayor un sentido de camaradería, nada como el de la infancia.

      Eliminar
  6. Como añoro esos hermosos días de la infancia. Mi niñez se encuentra "allí donde quiero volver".
    Un texto muy hermoso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Entendido y compartido, Fernando. Por eso la evocamos. Muchas gracias por pasar y opinar. Regresa cuando gustes.

      Eliminar